Lo que no sabía sobre la frustración, el secreto escondido en la palabra “sostenido”, y por qué en este negocio no hay término medio
Por Luis Miguel Trujillo · Autor del libro Haz que suceda® · Julio 2026
Nadie te prepara para manejar la frustración de un negocio que promete libertad.
Te voy a contar de donde sale uno de los conceptos más importantes de la metodología Haz que suceda®:
Empecé mi primer negocio de redes de mercadeo con ganas. Soñé con todo lo que te dicen en las reuniones de negocio: el carro, los viajes, la libertad de horario. Te prometen esa vida “en dos o tres años”, si sigues el sistema al pie de la letra. Vi los testimonios. Creí en el producto. Y sin embargo… fracasé.
No sabía nada sobre cómo manejar la frustración. Todavía no conocía la metodología Haz que suceda®. No tenía ninguna palabra para nombrar lo que me estaba pasando. Solo sabía una cosa: entre más avanzaba, más se parecía este negocio a una exigencia que nadie había mencionado en ninguna reunión.
Me encontré, de frente, con algo que ningún testimonio advertía: este negocio necesitaba más de lo que QUERÍA dar y más de lo que ESPERABA dar.
Años después, esa misma frase se convirtió en un principio central de la metodología de Esfuerzo Sostenido®. En ese momento no era un principio. Era apenas una pared. Y yo no sabía cómo pasar por encima de una pared así. Me estrellé. Fracasé.
Años después llegué a diamante, en el mismo negocio
Años después, en otro momento de mi vida, entré de nuevo a un negocio de redes de mercadeo. Mismo tipo de negocio. Mismo Luis Miguel. Esta vez llegué a rango Diamante.
El negocio no cambió. Yo tampoco cambié de talento de la noche a la mañana. Entonces, ¿qué fue lo que sí cambió?
La respuesta es la misma que explica otras tres cosas sobre mí. En el mismo intento de una expedición al Himalaya, nuestro grupo alcanzó dieciséis cumbres, hasta los sherpas lo comentaban como un récord. Llevo más de diez años tocando batería en una banda de rock. Mi libro, Haz que suceda®, llegó a veinte ediciones en diez años. Ninguna de esas cuatro cosas la expliqué nunca por talento.
El secreto está escondido en la palabra “sostenido”
Con los años entendí algo que la primera vez no vi. El secreto nunca estuvo en el “esfuerzo”. Cualquiera hace esfuerzo un día. El secreto está escondido en la palabra “sostenido”.
Al principio, sostener una acción que no has realizado antes, no se siente natural. Hay que forzarla. Pero ese no es el problema: hay que forzar sostenidamente algo, día tras día, semana tras semana, hasta que dejar de hacerlo incomode más que hacerlo. Ese es el momento exacto en que la acción se convierte en hábito. Y un hábito, a diferencia de un esfuerzo, ya no se fuerza: fluye.
Ese fue el secreto para levantarme a entrenar a las cinco de la mañana, durante el año que me preparó para el Himalaya. El mismo secreto me hizo llegar al ensayo, incluso las semanas en que no tenía ganas. Diez años después, seguimos tocando en parques y bares. Y el mismo secreto está detrás de las veinte ediciones de mi libro. Ninguna edición nueva vino de una idea brillante distinta. Vino de seguir apareciendo, haciendo nuevas preguntas, nuevas estadísticas, número tras número, mientras el esfuerzo forzado del principio se volvía costumbre, sin que yo lo notara.
Forzar sostenidamente hasta que se convierte en hábito. Y un hábito ya no se fuerza: fluye.
Lo mismo que me llevó del estrellón al diamante
Ese es, exactamente, el secreto que me faltó la primera vez que entré a un negocio de redes. Y el que sí apliqué la segunda. La diferencia entre fracasar y llegar a Diamante no fue el producto. Tampoco fue la compañía, ni mi supuesto talento para vender. Fue que la segunda vez entendí algo: tenía que forzar sostenidamente, incluso sin ganas, incluso sintiendo la misma frustración que no supe nombrar la primera vez, hasta que ese esfuerzo dejara de sentirse forzado.
Lo digo sin rodeos: me gustan mucho las redes de mercadeo. Las considero un excelente plan B. Es la posibilidad de construir un ingreso propio sin inventar un producto, ni una fábrica, ni un capital que la mayoría no tiene.
Desafortunadamente no puedo militar en una red en específico. Todas necesitan el concepto Haz que suceda®. Por eso pertenezco a casi todas.
La matemática que casi nadie te explica de las redes de mercadeo
De las cuatro cosas que menciono en este artículo, las redes de mercadeo son la única que no paga en línea recta. Una banda cobra por concierto. Un libro se vende ejemplar por ejemplar. Una cumbre se logra una sola vez. Un negocio de redes se sostiene sobre algo distinto: la fuerza de la red. Es el efecto de que la gente que tú formas empieza, a su vez, a formar a otros.
Esa fuerza no se siente las primeras semanas. Tampoco los primeros meses. Se siente cuando ya llevas el tiempo suficiente forzando sostenidamente el mismo esfuerzo. Ahí el efecto empieza a multiplicarse solo.
En un empleo tradicional, el esfuerzo mínimo todavía paga un sueldo. En un negocio de redes, por debajo de cierto umbral de sostenimiento, el resultado disminuye y puede llegar a cero. Por eso el Esfuerzo Sostenido® no es un simple empujón motivacional en este negocio. Es la condición básica para que el modelo funcione.
Cuando alguien de una red de mercadeo me pregunta qué necesita más su equipo, mi respuesta siempre es la misma. No necesitan otro producto. Tampoco necesitan otro plan de compensación. Necesitan aprender a forzar sostenidamente lo suficiente, hasta que el esfuerzo se vuelva costumbre.
Mucha gente se burla de las redes de mercadeo sin haber sostenido nada
Es curioso. Mucha gente que se burla de las redes de mercadeo nunca ha sostenido un Esfuerzo Sostenido® de un año completo en nada. Ni en un negocio propio, ni en una banda, ni en un libro, ni en una montaña. Critican la duplicación sin haber duplicado nunca nada. Yo prefiero hablar desde la experiencia completa: la del fracaso y la del diamante. Y desde ahí te digo que las redes de mercadeo, bien trabajadas con Esfuerzo Sostenido®, son de los negocios más subestimados que conozco.
La misma pregunta, cuatro veces
No hay ningún secreto adicional. Ni en la montaña, ni con la batería, ni con el libro, ni en las redes de mercadeo. Hay una sola pregunta que de verdad importa, y es la misma en las cuatro: ¿estás dispuesto a forzar sostenidamente aquello que dijiste que ibas a hacer? ¿Lo suficiente para que deje de sentirse forzado? Yo ya lo hice cuatro veces. La primera vez que lo intenté en redes de mercadeo, todavía no sabía la respuesta. Por eso fracasé.
Es más chévere si me ves explicando todo este concepto. En este link puedes ver el video: https://youtu.be/-2fYFwKyTwQ
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Haz que suceda®, aunque al principio tengas que forzarlo.
Luis Miguel Trujillo
Autor del libro Haz que suceda® · Esfuerzo Sostenido® / Coach / Speaker
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